Ganar perdiendo: cómo España llegó a este punto.

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Contextualizando:

España parecía una isla de estabilidad política dentro del convulso panorama europeo de los últimos cuatro años (si contamos como punto inicial la crisis de refugiados del 2015). Un país donde los dos grandes partidos del espectro político: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de centro-izquierda y el Partido Popular (PP) de centro-derecha se turnaban el poder un promedio de cada ocho años desde, podría decirse, el inicio de la democracia. 

Sin embargo, el 2014 y el 2015 el panorama político sufrió un remesón con la presencia de dos nuevas propuestas: Podemos, desde la izquierda, y Ciudadanos, desde la derecha. Como España es una monarquía parlamentaria, son los diputados quienes escogen al presidente; es por esta razón lo fundamental que es lograr la mayoría absoluta o, en su defecto, los números suficientes de escaños para conformar una coalición lo suficientemente sólida para gobernar y sobrevivir todo el período de la legislatura.

Las elecciones del 2015, con la presencia de cuatro grandes partidos, tuvieron como resultado un parlamento fragmentado, sin la posibilidad que ninguno de los candidatos lograra la mayoría suficiente para alzarse con el gobierno. Esta situación de inestabilidad empujó a una nueva convocatoria de elecciones para junio del 2016, donde el resultado no varió sustancialmente. Ante la posibilidad de una tercera elección, Ciudadanos, con Albert Rivera a la cabeza, se alineó al PP, lo que permitió a Mariano Rajoy repetir mandato, aparentemente, por cuatro años más.

La censura:

Sin embargo, la alianza de derechas no era lo suficientemente estable para gobernar. Además, la actuación del gobierno popular durante la crisis independentista en Cataluña y la sentencia contra el PP por un esquema de redes de corrupción llevó al líder del PSOE, Pedro Sánchez, a promover una moción de censura contra Rajoy. Unidos Podemos (la alianza entre Podemos e Izquierda Unida para las elecciones del 2016) y los partidos independentistas catalanes representados en el Congreso, secundaron la moción haciendo caer al gobierno de los populares. Acto seguido, Pedro Sánchez se alzó como nuevo presidente, con el apoyo de las agrupaciones que empujaron la caída del anterior mandatario. Pero el escenario aún no estaba listo para la incertidumbre, faltaba un elemento.

Preparando el escenario:

En una monarquía parlamentaria, la jugada que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia es algo dentro de los límites de la “normalidad” política; al fin de cuentas, el Ejecutivo se sostiene del parlamento y depende de él. Pero España dejó de ser esa isla de estabilidad por una razón: el fantasma de la extrema derecha había desembarcado en tierras hispanas.

Vox, cuyo líder, Santiago Abascal, que tiene nombre de conquistador de un imperio que dejó de ser, es el nuevo rostro de la derecha europea que repudia la inmigración, el feminismo, los derechos de personas LGTBIQ, y el socialismo. Las alarmas se encendieron cuando el partido logró reunir a más de 5000 personas durante una presentación, pero el tablero estalló con las elecciones andaluzas: después de 36 años de gobierno socialista, una alianza entre el Partido Popular, Ciudadanos y Vox logró hacerse con la comunidad más grande España.

Formación de bloques:

Para desgracia de Pedro Sánchez y el PSOE, los presupuestos que se había trabajado junto a Podemos, fueron rechazados por el Partido Popular, Ciudadanos y los independentistas catalanes, decepcionados éstos últimos por la estrategia del gobierno ante la situación Catalana. Sánchez no tuvo más opción que convocar a elecciones, porque, sin mayoría y sin presupuesto no se puede gobernar un país. La pregunta era, ¿cuándo? El 26 de mayo, fecha en donde se celebrará elecciones en todas las comunidades y para el europarlamento, o unos meses antes. La fecha elegida fue el 28 de abril.

Ante el temor de que la alianza andaluza se repita para las generales y en las demás comunidades, Pedro Sánchez se juega el todo por el todo. Si la derecha se une, la izquierda (debería) también unirse; el problema es que Podemos está pasando por su peor momento desde su fundación, y los pequeños partidos de Cataluña poco quieren saber del PSOE. Y a pesar que los socialistas lideran en todas las encuestas, no tendrían la mayoría suficiente para formar gobierno, cosa que sí está al alcance de la derecha. En otras palabras, los que van a perder pueden ganar, y Pedro Sánchez, puede ganar las elecciones…pero perder el poder.

Por: Ernesto Miranda

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